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Lo que no suma, resta

Rafael González Tovar (Delegado del Gobierno en la Región de Murcia y Secretario General de la Agrupación Socialista Murcia Este)

Sábado, 05 de Diciembre de 2009

Permítanme que utilice la conocida cita de Romanones para encabezar una breve reflexión sobre la contribución de cada grupo político al esfuerzo común que debemos realizar los españoles para afrontar la difícil situación social y económica que padecemos.

Lo que los ciudadanos esperan de nosotros no es que estemos de acuerdo en todo lo que hay que hacer; al fin y al cabo la política económica no deja de ser política, y como tal, expresión de la gestión del conflicto que generan intereses contrapuestos. De la crisis se puede intentar salir de varias formas, y cada una de ellas tiene sus implicaciones para la cohesión social y para el tipo de sociedad que construimos para el futuro. Por ello, no podemos permitirnos que el ruido político con objetivos cortoplacistas bloquee el esfuerzo colectivo que como sociedad debe realizar para salir cuanto antes de esta situación. Si se hurta el debate necesario, se bloquean los consensos todavía más necesarios, y se adereza todo con la pretensión de derribar gobiernos más que de solucionar problemas, podríamos llegar a la lastimosa conclusión de que la estrategia del PP está dificultando la salida de la crisis.

Las diferencias entre ambas formas de hacer política deberían estar claras para todos. En primer lugar, las diferencias políticas deben estructurarse en torno a programas coherentes. No basta con decir que las cosas van mal, ni con mostrar el desacuerdo con la acción del Gobierno, sino que el ejercicio de oposición debería concretar ese desacuerdo en un programa de actuación alternativo. Un ejemplo de mal ejercicio de la oposición es la actuación del entorno del PP en el caso del secuestro del Alakrana: durante el secuestro, el Gobierno marcó como objetivo prioritario la preservación de la vida de los tripulantes, pero desde ciertos medios se impulsaba tanto el enfoque lógico de las familias que exigía el pago inmediato del rescate como la visión opuesta de que con piratas no se debe negociar. Tras el éxito del regreso de nuestros conciudadanos, la opción parece que es montar un lío enorme y, algo nunca visto en España, proponer la reprobación de tres ministros, para acabar señalando básicamente como único error el no haber disparado a matar. Como vemos, ausencia o incoherencia de las propuestas cuando hacen falta y ruido excesivo cuando lo que hace falta es análisis.

En economía ocurre algo parecido. La apuesta del Gobierno frente a la crisis se basa en tres ejes: medidas compensatorias de la caída de la actividad, medidas protectoras para los más afectados, y medidas impulsoras de un cambio sostenible para el futuro. Simplificando mucho, el Fondo Estatal de Inversión Local con el que se inició 2009 sería la principal medida del primer bloque, la extensión de las prestaciones por desempleo la del segundo, y la nueva Ley de Economía Sostenible, la del tercero. Tanto la respuesta a la crisis como los propios efectos de ésta en las arcas públicas exigen nuevas medidas fiscales, y el Gobierno ha asumido el coste político que conllevan. Y por supuesto, se pueden hacer las cosas de otra forma, con una bajada de impuestos y el consiguiente recorte de inversiones y prestaciones sociales que nos llevarían a un muy liberal «sálvese quien pueda». Es una opción posible, pero por responsabilidad, quien la defienda debería argumentar qué gastos recortaría en una Administración del Estado que es en general más austera que el resto.

Me gustaría que esta reflexión no se malinterpretara como una crítica general a la labor de oposición. Como sociedad necesitamos que se oiga la voz de la oposición, tanto en lo referente al Gobierno de la Región de Murcia como al de España. Simplemente, entiendo que la crítica debe ir acompañada de la presentación de alternativas, y que además es muy conveniente en la actualidad que vaya aderezada con la predisposición al consenso, en aquellos aspectos de interés general, como pueda ser en España la reforma de la Justicia y en la Región de Murcia la defensa del Trasvase. Porque la discusión y el acuerdo forman parte de nuestra democracia como forma de sumar voluntades, mientras que el oportunismo es un lujo que nos puede salir muy caro a todos. Quizá este puente de la Constitución no sea un mal momento para reflexionar sobre ello.



Publicado en: Diario La Verdad
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